
Siempre que buscamos las historias de Écija, encontramos lo más conocido:sus orígenes, los pueblos que la han construído, las diferentes culturas que dejaron su huella y que han fraguado lo que hoy llamamos nuestro patrimonio...etc.
Sin embargo, me gustaría dejar constancia de otro tipo de historia.Una historia que no viene escrita en los libros pero a la que todos los ecijanos tenemos un gran cariño: la historia de nuestro pueblo.
Pensarán que es lo mismo, pero hay una gran diferencia.Ésta historia es la que se comienza a contar en lugares como la pescadería, la panadería, la sala de espera del ambulatorio, en la parada del autobús, en los bancos de las plazuelas de nuesros barrios...Una historia llena de conocimientos de una cultura vivida por los ecijanos, y que de no escribirse, pasará al olvido como pasaron las de nuestros abuelos y las de sus abuelos:la cultura del barrio.
Trataré de plasmarla en éste espacio, por si alguien quiere conocer como éramos, como vivíamos.No soy persona con conocimientos suficientes como para escribir un libro, pero al menos quiero dejar mi más humilde grano de arena en pro de ésos ecijanos que no salen en la literatura por ser gente normal.
Entraba en la panadería hace unos días, y viendo que a pesar de que había un aire acondicionado, la chica que despachaba el pan sostenía en sus manos un abanico mientras con mucho arte lo agitaba dándose colpes en el pecho haciéndome regresar por un instante a otros tiempos en los que las mujeres usaban mucho éste objeto, y del mismo modo que lo hacía ella se golpeaban el escote con la parte de la tela del abanico.Me dijo que recordaba como su abuela, sus tías y su madre, hacían éste gesto con el abanico, mientras que, de cuando en cuando, con gran habilidad y con un experto giro de muñeca, cerraban el mismo en décimas de segundo volviéndo a desplegarlo para continuar agitándolo con mucha más energía mientras que la noche iba avanzando en las casas ecijanas y éste soniquete se iba desvaneciendo a causa del sueño que se apoderaba de las cansadas mujeres.
Aquí comenzaron los comentarios de los clientes sobre algo que ya no hay posibilidad de recuperar:la costumbre de sentarse a las puertas de las casas a la caída de la noches de verano.Unas lo hacían en el rebate de la puerta, otras en las sillas de enea, otras en las hamacas... pero lo importante era la tranquilidad que se respiraba.
Las casas permanecían abiertas, incluso toda la noche. Recuerdo que en cañato, la gente sacaba mantas o colchones a la puerta y dormía en la calle al fresco. Cuando terminaba "el cine de la plaza de toros", porque allí había un cine de verano, veíamos como los vecinos tranquilamente descansaban sin miedo a nada.Todo cañato se echaba a la calle a tomar el fresco o a descansar en busca de una brisa de aire nocturno.
Tan solo el sonido de los grillos cantando al calor de lanoche astigitana, rompían el silencio que hoy día los motores de los coches no nos permiten disfrutar.
Y ASÍ ES,ASÍ LO VIVÍ, Y ASÍ OS CUENTO,
COMO EN EN ÉCIJA ..PASA LA VIDA.<-<-(Click aquí)

DEUDAS y BURROS
Se solicitó a un prestigioso asesor financiero que explicara esta crisis de una forma sencilla, para que la gente de a pie entienda sus causas. Este fue su relato: Un señor se dirigió a una aldea donde nunca había estado antes y ofreció a sus habitantes 100 euros por cada burro que le vendieran. Buena parte de la población le vendió sus animales. Al día siguiente volvió y ofreció mejor precio, 150 por cada burrito, y otro tanto de la población vendió los suyos. Y a continuación ofreció 300 euros y el resto de la gente vendió los últimos burros. Al ver que no había más animales, ofreció 500 euros por cada burrito, dando a entender que los compraría a la semana siguiente, y se marchó. Al día siguiente mandó a su ayudante con los burros que compró a la misma aldea para que ofreciera los burros a 400 euros cada uno. Ante la posible ganancia a la semana siguiente, todos los aldeanos compraron sus burros a 400 euros, y quien no tenía el dinero lo pidió prestado. De hecho, compraron todos los burros de la comarca. Como era de esperar, este ayudante desapareció, igual que el señor, y nunca más aparecieron. Resultado: La aldea quedó llena de burros y endeudados. Hasta aquí lo que contó el asesor. Veamos lo que pasó después: Los que habían pedido prestado, al no vender los burros, no pudieron pagar el préstamo. Quienes habían prestado dinero se quejaron al ayuntamiento diciendo que si no cobraban, se arruinarían ellos; entonces no podrían seguir prestando y se arruinaría todo el pueblo. Para que los prestamistas no se arruinaran, el Alcalde, en vez de dar dinero a la gente del pueblo para pagar las deudas, se lo dio a los propios prestamistas. Pero estos, ya cobrada gran parte del dinero, sin embargo, no perdonaron las deudas a los del pueblo, que siguió igual de endeudado. El Alcalde dilapidó el presupuesto del Ayuntamiento, el cual quedó también endeudado. Entonces pide dinero a otros ayuntamientos; pero estos le dicen que no pueden ayudarle porque, como está en la ruina, no podrán cobrar después lo que le presten. El resultado: Los listos del principio, forrados. Los prestamistas, con sus ganancias resueltas y un montón de gente a la que seguirán cobrando lo que les prestaron más los intereses, incluso adueñándose de los ya devaluados burros con los que nunca llegarán a cubrir toda la deuda. Mucha gente arruinada y sin burro para toda la vida. El Ayuntamiento igualmente arruinado. Resultado¿ final?: Para solucionar todo esto y salvar a todo el pueblo, el Ayuntamiento bajó el sueldo a sus funcionarios.